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Qué hacían los mayas en la isla Juan fernández


Todo comienza con los antiguos mayas…

Los mayas constituyeron la más antigua civilización americana. Su desaparición, repentina y sin rastros, ha sido siempre un misterio para los investigadores. Su cultura, sus conocimientos científicos y técnicos alcanzaron los más altos niveles de su época. Fueron astrónomos consumados y agudos observadores del cielo y de la tierra, a los que consideraban sagrados.

Los mayas concebían el tiempo como algo cíclico;  estos ciclos definían las eras, que daban forma a la historia de los hombres. De cada ciclo y de sus hechos dejaron detalles en sus monumentos, y en lo poco que sobrevivió al asalto de los conquistadores, que vieron en su religión y sus costumbres una amenaza para la expansión de las ideas y creencias, que intentaron imponer.

Tres son los calendarios o cuentas de tiempo (tzolkinhaab, “cuenta larga”), que nos han dejado los mayas, y en cada uno de ellos, el fin de los mismos está marcado por el alejamiento de los hombres de las enseñanzas de los dioses. La “cuenta larga” tiene como fecha final el 21 de diciembre de 2012. Los mayas nunca habrían formulado una cuarta cuenta de tiempo.

El fin de los tiempos –de acuerdo al antes citado tercer calendario- está marcado por varios fenómenos astronómicos, cuya coincidencia no puede haber resultado casual para los antiguos sacerdotes, sino más bien una advertencia o una señal de las deidades: el último eclipse solar del año, el tránsito de Venus ante el Sol, ambos sagrados para los mayas. Y hay algo más, que es increíble, la alineación de la Tierra, el Sol y un agujero negro, ubicado en el centro de nuestra galaxia, lo que en la actualidad han descubierto los astrónomos. ¿Casualidad? Tal vez, pero demasiada para  los antiguos, cuya relación con la naturaleza era de carácter religioso y mágico.

…continúa con los mayas

En 1995 Jim Turnerk, un arqueólogo canadiense viajaba por el archipiélago de Juan  Fernández, a unos seiscientos quilómetros de las costas de Chile, en medio del Océano Pacífico. Allí, descubrió por casualidad algo que le asombró, y que habría de cambiar su vida en años venideros, porque habría de constituirse en su obsesión: una aparente obra humana, que identificó como un monumento maya en medio de aquel desolado y lejano lugar. El mismo, es una roca de unos 45 metros de altura, que representa una figura con rasgos humanos, y detrás de la misma, se ubica un jaguar agazapado, mirando hacia mar.

Turnerk quedó asombrado, ya que reconoció en ellos símbolos y rasgos inequívocamente mayas, según su percepción, y comenzó frenéticamente a investigar su hallazgo, prometiéndose volver al lugar, lo que hizo efectivamente, años después. Las preguntas eran muchas: ¿cómo era posible encontrar allí vestigios de los mayas, habiendo vivido estos tan lejos de ese lugar? Si fuese posible, ¿cómo habían llegado y para qué? ¿Qué significaba aquel monumento y con qué fin había sido construido?.

Según pudo constatar Turnerk, la isla estaba efectivamente habitada en la época en que los mayas poblaban la península de Yucatán, de modo que efectivamente pudieron haber viajado hasta allí, aunque en condiciones muy precarias y sorteando muchos peligros. No es éste el único misterio que la ciencia enfrenta respecto a vestigios de ciertas culturas en lugares tan lejanos a su desarrollo.

También pudo comprobar, que es solamente desde este lugar desde el cual será posible observar esos acontecimientos celestes, que los mayas ya predijeron en base a sus conocimientos astronómicos, de modo que es posible que habiéndolo sabido, hayan querido llegar hasta él, a fin de asegurarse un lugar para presenciarlos. Recordemos, que para ellos el fin de una era estaba determinado por el alejamiento de los hombres de las enseñanzas de los dioses, así que no es raro que pretendieran, que al menos sus reyes estuvieran presentes allí. Y allí precisamente, se presenciaría el comienzo del fin de los tiempos marcado por estos tránsitos celestes, el de la Luna y el de Venus ante el dios Sol. Luego de estos hechos, los días terminarían en la fecha indicada por el calendario: diciembre 21 de 2012.

Mientras tanto…

¿Qué tan cierto puede ser todo esto o qué tan fehacientes pueden ser los datos de los antiguos pobladores de México y Centroamérica? Lo cierto es que  la fecha se acerca, y el tema ha planteado, desde hace un tiempo, una gran expectativa, tanto a nivel científico como popularSe han editado libros, se han dedicado horas al tema  en programas especiales de televisión, se han planteado debates y se han confrontado datos… Prestigiosos autores,  científicos y medios de comunicación, como el renombrado History Channel, se han ocupado del tema.

Sin embargo, no es la primera vez, que una predicción como ésta nos sacude. ¿Qué cosa quisieron predecir los mayas exactamente, si es que efectivamente quisieron hacerlo? ¿Qué significa que no haya más cuentas del tiempo para este pueblo tan antiguo? ¿El fin de los tiempos indica, quizás, el paso a una dimensión superior o a otro estado de conciencia como Humanidad? Preguntas que quedan planteadas, y cuyas respuestas tendremos que seguir buscando.

Mientras tanto, deberemos seguir pensando en que a fin de mes vencen algunas facturas de servicios básicos, que no podemos dejar de abonar, por las dudas que los antiguos astrónomos mayas se hayan equivocado de fecha.

 

 

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Si me preguntaran por qué habito

entre las verdes montañas,

Reiría silenciosamente;

mi alma está en la calma.

El capullo del duraznero

sigue el movimiento del agua;

Hay otro cielo y otra tierra

más allá del mundo de los hombres.

 

 

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